
Hace unos cuántos posts nos embarcamos en la difícil tarea de poner precio a nuestros servicios como freelance. Os dimos unos cuantos consejos para calcular vuestro coste/hora de vuestro perfil para que fuese adecuado y así obtuvieseis el máximo número de clientes. Pero… ¿y a la hora de proponer un presupuesto para un proyecto publicado en nuestro portal? ¿Cómo saber si estamos proponiendo un “precio justo” por ese trabajo, con el que obtengas el máximo beneficio pero sin que ninguna de las partes salga perjudicada?
Lo primero que debemos plantearnos es cuál es la mejor manera de cobrar por el proyecto realizado. Pueden surgir dos posibilidades: Cobrar por horas o proponer una cantidad fija ¿Cuál es el mejor método para hacerlo? Pues lógicamente, depende de varios factores, que Mathias Meyer nos explicó claramente en su artículo “Hourly vs Fixed Pricing” en Freelance Switch y Samuel del blog Freelance Lessons.
Si se trata de una proyecto de “Contratación freelance” y no conocemos la duración exacta del proyecto lo mejor será plantearse cobrar por horas empleadas en el proyecto. A la hora de hacer nuestra propuesta, podemos proponer a la empresa una cantidad por hora, que puede ser nuestro coste/hora + un pequeño margen de beneficio que consideremos que podemos obtener por el trabajo, siempre basado en lo que creemos que podemos aportar al cliente que el resto de profesionales no puede. (Por ejemplo, si tu coste/hora en el perfil es de 30 €/hora, y crees que puedes aportar bastante al proyecto porque estás especializado en esa actividad, puedes permitirte proponer 35€/hora) Sin duda, esta es la manera de cobrar que más nos conviene como freelance. Cobrando por horas empleadas nos cubrimos las espaldas porque sabemos que si es necesario emplear unas horas extras, siempre serán retribuidas. Sin embargo, esto se puede complicar cuando se trata de proyectos en los que trabajamos en la oficina del cliente. Siempre se puede cuestionar cuáles son las horas de “verdadero trabajo” ¿Deberíamos cobrar los momentos de descanso? Evidentemente podemos decir que si trabajamos como cualquier otro empleado en la oficina del cliente, se nos debería pagar por las horas que pasamos en la oficina. Pero, esto también depende la naturaleza de nuestra contratación. Si se trata de hacer un trabajo concreto que necesita ser resuelto en un determinado tiempo, deberíamos ser pagados por las horas exactas que hemos empleado en concluir el proyecto. Se trata, ante todo, de ser honestos con nosotros mismos y con nuestro cliente.
La segunda opción es proponer una cantidad determinada, sin tener en cuenta cuánto tiempo, esfuerzo, material… vamos a emplear en el desarrollo del proyecto. Esta es, sin duda, la mejor manera de cobrar a un cliente por trabajos específicos que necesitan ser terminados en un determinado plazo de tiempo. También trabajos que pueden ser contabilizados objetivamente, como pueden ser los servicios de traducción (coste/palabra, por ejemplo)… Pero no todos los trabajos pueden ser contabilizados tan objetivamente como las traducciones. ¿Cómo calcular entonces esa cantidad fija? No es tan fácil. No siempre se puede cobrar lo mismo por trabajos parecidos (por ejemplo, diseñar un logo), puesto que cada cliente y proyecto tienen necesidades específicas que le hacen más sencillo o más duro de realizar. Lo mejor es analizar estas necesidades y prever cuánto nos puede llevar la realización del trabajo basándonos en su dificultad y nuestro nivel profesional. Habría que establecerse un margen de días extras por nuestro propio interés, por si no somos capaces de cumplir con la realización del proyecto en el tiempo que habíamos calculado. Ante todo, siempre hay que tener en cuenta nuestras propias limitaciones como profesionales, para no acabar teniendo que cobrar más a los clientes por tener que utilizar mucho más tiempo del que creíamos en realizar el trabajo: puedes perder un cliente para siempre.
Por ello, a la hora de hacer una propuesta de trabajo y plantear un presupuesto, estudia de qué tipo de proyecto se trata y propón el tipo de retribución que crees que se adapta mejor y que te beneficiará más.
A estas alturas, te estarás preguntando qué pasa en el caso opuesto. ¿Y cuándo un posible cliente nos pregunta cuánto calculamos que le puede costar la realización de un determinado trabajo? Hablaremos de ello en el próximo post.